cuentos y relatos cortos

domingo, 4 de diciembre de 2016

Desayuno

Paciente espera sigiloso hasta que el sol asome. 
Le alcanza escuchar mis pasos para erguirse de alegría.  Luego me recibe y corteja  como si regresa con honores y glorias, después de una interminable ausencia.  ¡Nada de eso es cierto!...  Sin embargo acepto gustosa la bienvenida triunfal al nuevo día.
Los rituales se suceden mientras la rutina se consolida.
Entre las tostadas y el café, en un gesto de modesta soberbia, Max coloca su hocico sobre la bandeja,  muestra de complicidad consentida, del que está presente sin una invitación expresa ni una salida segura.
Su mirada vivaz acompasa mis manos, apropiándose de todos mis movimientos.
Conserva  la serenidad de un héroe, mientras espera su recompensa. No necesita pedirla, ni inquietarse por ella. Como todas las mañanas, en el momento justo,  obtiene  su media tostada, untada apenas con queso blanco.
Él la olfatea primero, luego la toma desde un vértice,  aprisionándola levemente con sus dientes, me mira, y como quien tiene que cumplir una misión ancestral, se dirige certero hacia el parque, busca el sitio más húmedo, esquivando las miradas curiosas de habitantes o transeúntes, para por fin… enterrar su premio.
Entra haciéndose el  distraído, pero lo delata un halo de satisfacción, propia del que presiente que su tarea está concluida, que su trabajo está terminado, sin huellas ni testigos.

¿No sospecha acaso, que su morro lo condena?  y… que algunos pájaros intrépidos esperan el agasajo. Como cada alborada,  desde que vive conmigo.