cuentos y relatos cortos

lunes, 8 de febrero de 2021

Menos por más

 "No es gran mérito que te saques buenas notas, si la escuela es tu única ocupación", me espetó la maestra delante todo el grado, con gesto adusto y voz severa… Quedé atónita, no era mi estilo hacer alarde de mi condición de mejor alumna, ni siquiera desatender mis obligaciones de buena compañera… al contrario, era predispuesta y servicial, quizás no por estilo natural sino como un pago encubierto, un especie de peaje para no ser víctima de burlas por mi característica obesa. Pero a la vista de todos, si algún merito tenía, era esa conducta colaborativa que preservaba mi integridad. 

No respondí al improperio, optando disminuir mi rendimiento, facilitando el brillo de algún otro estudiante menos favorecido por sus condiciones intelectuales o sociales, dignificando la ignorancia y nivelando para abajo. Cecilia pareció no darse cuenta, ni aludida, de mi cambio, por lo que no instó ni siquiera a emitir un comentario alentador ni reparador… Descalificada y disminuida, forjé el sendero que me guiaría por doquier… avergonzada de mis pocas cualidades, culposa por mis paupérrimos logros y aspirante al conformismo desgraciado de la chatura empoderada.

En otra instancia, la formadora, contó las tácticas que utilizaba su marido obstetra, en epocas en que las ropitas amarillas se anteponían a la sorpresa del género del retoño. El especialista respondía a la inquietud ansiosa de las embarazadas frustrándolas en su deseo, o sea, si la madre argumentaba querer tener un varón el audaz médico respondía que sería una niña, en cambio si su deseo se inclinaba a la espera de una nena, el diplomado diría que llegaría un varoncito. El fundamento de su argucia era que, si se cumplía el veredicto, el profesional ganaba un par de porotos para su quinta, y de ocurrir lo contrario, la parturienta se sentiría tan feliz que no recordaría las palabras del sabio doctor. O sea, si salía cara ganaba él y si salía ceca, perdía ella. La lógica de la especulación y el ventajismo primaba sobre la racionalidad o la afectividad. Triunfaba la timba a la sapiencia, la manipulación a la ética-

Amén de ello, la seño, nos enseñaba algo de lengua, un poco de historia, alguna localización geográfica, matemática elemental, en la que se suma los negativos y se restan los positivos, podría decirse que la balanza se inclinaba al menos. Sin embargo, un abrazo, un buen día chicos, una sonrisa comprensiva ante algun equívoco, una palabra contenedora para quién sufría, un muy bien diez hacía de ella la mejor maestra… Claro, imagínense, lo que serían las otras


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