Concentrado en mi propia cotidianeidad, pedaleo enérgico,
intentando que mis piernas aceleren el ritmo de la bicicleta y con el danzar
de las ruedas, multiplique las entregas, sumando así, algunos pocos pesos a mi
existencia.
Mi condición de estudiante limita mis posibilidades de un
empleo formal, y el pensionado donde vivo hace perentoria la necesidad de
contar con recursos para subsistir.
Andar varias horas sobre dos ruedas y con una mochila
térmica, aseguro que es un trabajo difícil. Y eso que, omito la reducida paga,
las exigencias extremas y relación impersonal con una app de android.
Lo transitorio es mi expectativa… Pero ¿Cuánto tiempo es
transitorio?... ¿Cuánta vida se dilapida en lo temporal?
De repente algunos motoqueros con casco, impiden mi
circulación. Se me aproximan violentos. Me propinan golpes por doquier. El dolor en mi mandíbula desprende mi morral
con lo recaudado. Mientras lo toman, caigo al suelo y ellos ríen. Me duele el
cuerpo. Entreabro los ojos y veo como se
alejan, pero se detienen para atracarme la bicicleta. Como en un sueño, observo la retirada.
No puedo hacer el depósito del día a tiempo. La App, mi gran jefe, me
bloqueará. Esta vez, para siempre.

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