Cansada de la
permanencia aburrida del que nada tiene y nada aspira, aburrida de agotar
minutos de mi tiempo en el desafio imposible de afrontar esa manía insistente
de enderezar herraduras, extenuada de la fatiga crónica, del esfuerzo
unilateral, intentando arrastrar un carro sin ruedas, de acariciar la sortija
sin poder aprehenderla, de minimizar los obstáculos recurrentes y aleatorios.
Deseando revivir, mi
energia vital, mis ganas de romper el aire y respirar solo oxígeno, superando
las cumbreras caídas y el soliloquio consumido, aspiro la resurrección bordeando
la simpleza matemática de la suma de días, de acumulación de horas pretéritas,
huecas e inconsistentes.
Me recreo… con mi piel
tersa, mi sangre caliente, faroleando rincones inexplorados de una realidad
adversa… resurgiendo de la nada…. Luciendo alguna pizca de encanto…
Cansada, agotada, confiada, desesperanzada, olvidada, recordada,
espeluznante realidad en la antesala del retiro…
Fascinada por una
ilusión imaginaria, despierto encorvada y encogida…
Con las sábanas
manchadas de ansiedades perplejas, sin sabor ni desconcierto, sin lágrimas ni
desconsuelo, con las manos sangrantes y el alma en pena.

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