Increíble… Aquello que no
está dentro de lo previsible, lo conocido desconocido, lo indecible y lo no
dicho, sin embargo, algo de lo no hablado se pondrá en acto….
Algo de lo sospechado, se hará
carne… no somos los mismos. Estás atravesado por algo que va más allá del paso
del tiempo, de la idea y del símbolo…
Lo real puesto en juego… tus mismos
ojos soñadores, sostenidos ilusoriamente en los parpados caídos, en tu rostro enflaquecido
por el sufrimiento…
Yo también atravesada por dolores,
por inquietudes no resueltas, con miedos perennes en mis entrañas viejas…
Vos y yo… yo y vos… tan iguales, y
tan distintos, en el lugar justo de la ignorancia, el preciso instante de la desilusión
eterna…
Una despedida y un encuentro… Un
encuentro y una despedida…
Mis ojos llorosos sabrán que no se
pierde nada… Que sos un plan alternativo, la única regla real… pero disyuntiva…
Una especie de manotazo de ahogado, ramita frágil que me sostiene engañosamente
de la caída al vacío… existencial e inevitable.
Somos dos cuerpos desnudos,
expuestos, gastados… Dos cuerpos que no se resignan, que desafían los senderos,
las distancias, la certeza…
Dos almas empobrecidas… que
inventan, mienten, simulan… esperan reparar para siempre, el desamor y el
desvelo… sostenidos solamente, simplemente, escuetamente en dos días de gloria
en los que se sintieron amados.
Lo inasible se vuelve certeza, lo
imposible se trasmuta a realidad, aires de libertad convierten la diferencia en
semejanza y la semejanza en diferencia…
En ese recreo infinito, la otra
vida paralela, ser y no ser al mismo tiempo… presencia y ausencia, ojos
perdidos en esa eternidad inexistente…
La misma torpeza que perdura, orden
repetitivo de la impunidad absoluta… nada de lo que acontece es ficción, y pese
a la quimera que se perpetua, una ola de realismo se sostiene… capaz que la
única… donde es potable descarnarse sin morirse, y morirse respirando….
Prometí no llorar… y así lo cumplo,
como tantos otros mandatos inusuales y compuestos, como aquellos que me
impusieron, por convención o por costumbre, a través de un grito o una mueca,
los que se impostaron solo con un gesto adusto, una mirada crítica o una
palabra errónea.
Promesa otorgada, y una opresión en
el pecho que denuncia… que asevera, que confirma que es hora de
despertarse… que el camino sigue en soledad… sin sueños ni fantasías, sin ese
espacio onírico en el que eramos dos, sin otra ilusión que ese beso largo, un
abrazo sentido, una voz suave diciendo, tal vez un mentiroso te amo, que desde
entonces, a partir del momento inaugural, hasta las repeticiones alternas,
superando las barreras del tiempo y del espacio, incluso hasta el
futuro lejano, despertarán en mí, una sonrisa plena o mínima… un andar erguida
y orgullosa, por haber vivido, por haber sentido, por haber dispuesto, aunque
sea esto, un recreo, un segundo, un milésimo tiempo en el que me codeé con este
esbozo de felicidad.

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