cuentos y relatos cortos

jueves, 25 de junio de 2020

Momentos


Increíble…  Aquello que no está dentro de lo previsible, lo conocido desconocido, lo indecible y lo no dicho, sin embargo, algo de lo no hablado se pondrá en acto….
Algo de lo sospechado, se hará carne… no somos los mismos. Estás atravesado por algo que va más allá del paso del tiempo, de la idea y del símbolo…
Lo real puesto en juego… tus mismos ojos soñadores, sostenidos ilusoriamente en los parpados caídos, en tu rostro enflaquecido por el sufrimiento…  
Yo también atravesada por dolores, por inquietudes no resueltas, con miedos perennes en mis entrañas viejas…
Vos y yo… yo y vos… tan iguales, y tan distintos, en el lugar justo de la ignorancia, el preciso instante de la desilusión eterna…
Una despedida y un encuentro… Un encuentro y una despedida…
Mis ojos llorosos sabrán que no se pierde nada… Que sos un plan alternativo, la única regla real… pero disyuntiva… Una especie de manotazo de ahogado, ramita frágil que me sostiene engañosamente de la caída al vacío… existencial e inevitable.
Somos dos cuerpos desnudos, expuestos, gastados… Dos cuerpos que no se resignan, que desafían los senderos, las distancias, la certeza…
Dos almas empobrecidas… que inventan, mienten, simulan… esperan reparar para siempre, el desamor y el desvelo… sostenidos solamente, simplemente, escuetamente en dos días de gloria en los que se sintieron amados.



Lo inasible se vuelve certeza, lo imposible se trasmuta a realidad, aires de libertad convierten la diferencia en semejanza y la semejanza en diferencia…
En ese recreo infinito, la otra vida paralela, ser y no ser al mismo tiempo… presencia y ausencia, ojos perdidos en esa eternidad inexistente…
La misma torpeza que perdura, orden repetitivo de la impunidad absoluta… nada de lo que acontece es ficción, y pese a la quimera que se perpetua, una ola de realismo se sostiene… capaz que la única… donde es potable descarnarse sin morirse, y morirse respirando….

Prometí no llorar… y así lo cumplo, como tantos otros mandatos inusuales y compuestos, como aquellos que me impusieron, por convención o por costumbre, a través de un grito o una mueca, los que se impostaron solo con un gesto adusto, una mirada crítica o una palabra errónea.
Promesa otorgada, y una opresión en el pecho que denuncia… que asevera,  que confirma que es hora de despertarse… que el camino sigue en soledad… sin sueños ni fantasías, sin ese espacio onírico en el que eramos dos, sin otra ilusión que ese beso largo, un abrazo sentido, una voz suave diciendo, tal vez un mentiroso te amo, que desde entonces, a partir del momento inaugural, hasta las repeticiones alternas, superando  las barreras del tiempo y del espacio, incluso hasta el futuro lejano, despertarán en mí, una sonrisa plena o mínima… un andar erguida y orgullosa, por haber vivido, por haber sentido, por haber dispuesto,  aunque sea esto, un recreo, un segundo, un milésimo tiempo en el que me codeé con este esbozo de felicidad.

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