Carente de inteligencia y de juventud, caminé los senderos de la tecnologia, con aspiraciones y recortes absurdos de quien sabe que fantasía megalómana, que me mantuviese en el éxito de una carrera, para la que era obsoleta antes de iniciarme.
Si de ilusión se vive… y la vida no es otra cosa que eso, traté de transitar cada instante, cumplimentando si no todos, la mayor parte de los “debes hacer” o "tienes que ser" que atraviesa lo transitorio, intentando no caer, y ante lo inevitable, evitar lo profundo, y si aún así, se imponía la reyerta… erguirme lo más pronto posible.
Con esa idiosincrasia y algunos machucones mal curados, seguí y perseguí, proseguí y reposé… No me dejé vencer ni siquiera por bombas silenciosas, ni por estruendos anónimos, continué descalza y con juanetes… transpirada y desposeída, orgullosa y engreída… indiferente y dolida, investida y hueca.
En ese contexto miserable… superviviendo como las cucarachas y las hormigas, resistente y etérea, claudiqué en el rectangular brillo de una cámara inteligente… sin poder más que apretar un ínfimo botón… botón que de funcionar, eternizaría un instante, un segundo, una escena, una ráfaga… que le juro por mí misma… no tendría a quién mostrarsela

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