El azar la puso frente a una psicóloga principiante… el azar y la obra social poco exigente que tercerizaba la función a fin de reducir los pocos morlacos que erogarían en esa dudosa ciencia… Los directivos sindicalistas habrían discutido previamente, en suculentas orgías alimentarias, fiestas Baquianas si las hay, lo absurdo de pagar por hablar…. Cuando en general el silencio es lo que tiene precio… y el mutismo facilita negocios…
Pero esa es harina de otro costal, lo cierto es que Aurora estaba sentada por primera vez en su vida, frente a esa novata, que no podia disimular su inexperiencia ni su cara cuasi adolescente. Pese a ello, impostaba un gesto de “AJAM”, propio de los analistas del lugar, jóvenes o expertos, y un cuaderno dispuesto a ser llenado con el discurso del consultante. Aurora pensó que, en tal caso, ambas eran primerizas… Esperó la primera pregunta formal, y al estilo de un formulario de encuesta, completaba los datos que se le requería. Nombre, edad, estado civil, obra social, número de afiliado, ocupación. Notó la sorpresa de la profesional al decir que trabajaba en distintas casas de familia, por horas…
Un halo de discriminación sintió en su haber, acompasando el posible prejuicio de la joven… ¿es acaso que una doméstica no puede asistir a un terapeuta? O lo aun peor, ¿puede una psicóloga novata tener tantas exigencias sobre la ocupación de su paciente?...
Aurora sintió el impulso de levantarse e irse, sin embargo algo la retuvo en su sitio… y hasta se atrevió a preguntar sobre la mueca adusta de su oyente.. Dueña de espontaneidad la reciente graduada, invocó su sorpresa al mencionar que alguien con una preparación media se dedicara a tareas de mala paga y de dudosa reputación social…
Conmovida por la ingenuidad de la terapeuta, la consultante optó por decir que elegía limpiar antes que cualquier otra tarea, que le despertaba pasiones infinitas, las que se independizaban de todo reconocimiento, siendo que, cualquiera podría llenar una hoja de cálculos, hacer una factura o tipear una carta gerencial, pero que muy pocos podrían ver la resurrección de una estatua de bronce opaca acompasando al vaiven de la franela con el limpiametales, o invitar a un cristal a compartir su acorde luego de una buena enjuagada, o reflejarse en la transparencia invisible de un ventanal expuesto a la magia del alcohol de quemar diluido…. Aurora relataba detalles, experiencias, su expresión era altiva y sus ojos acompañaban el movimiento simulado de su acción. Satisfecha con sus obras, Aurora era una artista del pulido, confesando finalmente que amaba fregar, que nada nunca la había hecho mas feliz, ni lo haría en el futuro.
El motivo de consulta… nunca lo desarrollo. Solo conectarse consigo misma a través de su efusión, sanó a Aurora, y la reciente terapeuta… rindió su última materia con este aprendizaje, no es lo que se hace, sino cómo y quién lo hace lo que genera una obra de arte. Desde entonces, facilitó que cada consultante, cada potencial paciente, demandante o generoso, pobre o rico, cualquiera fuera su empleo o su origen, independientemente de su aspecto o sus dones, que cada quié
n, como fuera, se iluminara por su propio deseo. ¡Y así lo hizo!







