No existen historias con final
feliz, incluso las que lo simulan, son tan solo para distraernos de la
fatalidad y la sentencia.
Reconocer este paradigma no nos
hace menos vulnerables a los sentimientos amorosos... Al contrario, esa
expectativa es la única excusa y razón que nos anima a abordar, disfrutar y
empoderarnos en este tránsito acelerado en que transcurre la existencia.
Tal es nuestro espíritu de
controlar el caos y nombrar lo inasible, lo inalcanzable, que incluso, se
intenta clasificar este sentimiento motor, no sólo cualitativamente sino
también cuantitativamente…
Se dice amar mas o menos, que hay
recorridos interesantes y otros descartables, que si buenos o malos, que
verdaderos o falsos, erróneos o acertados… todo ello representa simples
intentos, ensayos incompletos y cuestionables sobre el absurdo, el sin sentido
que sorteamos día a día.
Pero si de amores se trata, la
historia que voy a relatar es un tanto inusual, inaudita… insólita. Se
diferencia de aquellas convencionales. Esta en particular es sin vidas en
común, ni proyectos claros, ni festejos ilusorios de los catorce de febrero… Es
claro que no se trata de hijos compartidos, ni cargas impositivas conflictivas,
ni proyecto de pensiones ni confidencias sobre situaciones cotidianas…
Embestida de pasión, se trataba de
encuentros y desencuentros en días soleados y tardes grises, expectativa
incierta de atajos imponderables, reuniones hartamente esperadas, pero
inconsistentes, sin embargo envueltas en una oposición original, afianzaban
afectos y adherencias.
Imborrable y perenne quedó sellado
el día cero, una mirada insistente y evasiva, una re mirada proponente y
permisiva. Como aquellas que buscan confirmar aquello que se desconoce, y que
insinúa a su vez un reencuentro primero
Atracción imponderable, locuacidad
y confort en espacios inhabitados, insólitamente el aire de libertad potenció
ese esbozo de sonrisa tímida y compartida… ese caminar juntos en un
desconocimiento conocido, o un conocimiento extranjero…
Un rincón distraído armó lazo,
carentes de cuidados y excedidos en penas… el cuerpo masculino se antepuso a la
briza salvaje de los vientos del sur, desde entonces nada fue como era…
Separaciones, encuentros, viajes,
expectativas, enojos, desentendimientos, ligazón absoluta, partenaire
imperfecto y permanente, en los grandes períodos de ausencia, distancia alusiva
que se transmutaba en detalles menores, hechos magnánimos, disparidad y
emoción, ser o no ser, juntos u olvidados…
Transcurso del tiempo, hechos
inmemoriales, instantes pecaminosos, otros… con un aire de soberbia y
autosuficiencia… no era que se alinearan los planetas como dice el vulgo, sino
mas bien que en ese rodeo natural disparados en el espacio fue surgiendo la
idea, el acto, el afecto o la miseria.
No eran felices, tampoco lo
contrario… no eran novios, tampoco lo opuesto, no eran amantes, ni dejaban de
serlo… pero por alguna certeza inexplicable se sabían mancomunados en el mismo
sitio, en el mismo lazo, en igual órbita o circuito de la existencia, en la
inadaptación estructural de aceptar, sin más, la finitud y aparentar la
eternidad… Intrincados, enojados, amarrados, olvidados, refundidos, humillados,
enaltecidos… Cada momento era único e irrepetible, como todos los vitales,
pero, en ese vínculo particular, el saberlo se imponía descarnadamente.
De largas ausencias, las presencias
no denotaban hendiduras, ni cambios, algo mas envejecidos y potenciada la
aceptación…. Como una película en pausa, para accionarla luego, desde la misma
imagen, el mismo párrafo…
Tal vez un abrazo ferviente
insinuaba un nuevo capítulo… una nueva escena que se convertiría en una
continuidad discontinua o una continua discontinuidad…
Sin celos, sin perspectivas, sin
proyectos, con una sumatoria de instantes, momentos, segundos, sonrisa…
miradas… abrazos, caricias… acumulo impreciso de fugacidades… impronta
indeleble de diluciones mágicas destinadas a la eternidad de los tiempos…
Podrían haberlo sostenido para
siempre, como lo venían haciendo, con el paralelismo circundante, con la visión
indefinida…
Pero la muerte… aquella eterna
condena que nos circunscribe, que nos acota, que nos motiva, que nos alienta…
Pero la muerte, la muerte infinita y etérea, la muerte locuaz y transparente,
la muerte sabida y negada, la muerte frágil y concisa… se interpuso… ingenua y
divertida, inoportuna e impune, alegre y decidida… abortando esta historia…
retorciéndole el pescuezo, haciendo de las suyas, dejando sus almas
quebradas y lágrimas indelebles en sus ojos… que el viento secará
n perennemente,
eternamente… por siempre… ¿jamás?